Escritor: Cecilia Gonzalez
Publicado: 29/1/2019


En los últimos años se ha prestado mucha atención a los vínculos entre la agricultura y la nutrición en el sector del desarrollo considerado en su conjunto. Estos vínculos podrían parecer obvios: obtenemos nutrición de los alimentos que comemos, y comemos los alimentos que la agricultura produce. Sin embargo, la afirmación de que las intervenciones agrícolas (p.ej. huertos caseros) pueden mejorar la nutrición es objeto de escrutinio debido a la falta de pruebas que la avalen  (Masset et al. 2012; Girard et al. 2012).

Al mismo tiempo, esfuerzos recientes nos han ayudado a entender mejor estos vínculos y a comenzar a cerrar los vacíos en cuanto a pruebas. La agricultura desempeña un papel indispensable en el desarrollo, y aunque automáticamente no mejora la nutrición, su potencial para hacerlo es innegable. Los esfuerzos recientes han aportado marcos importantes para el diseño de programas y para la implementación de intervenciones agrícolas dirigidos a mejorar la nutrición de las poblaciones vulnerables. Estos marcos para intervenciones  de “agricultura sensible a la nutrición” nos ayudan a entender problemas complejos e identificar rutas hacia soluciones.

Estas “nuevas formas” nos obligan a entender mejor el problema de la desnutrición, a aprender sobre la complejidad que conlleva mejorar los resultados en material de nutrición, a entender el papel que la agricultura puede desempeñar, y a colaborar entre disciplinas y sectores a fin de diseñar e implementar intervenciones que realmente hagan un impacto en mejorar la nutrición y el bienestar de las personas a quienes atendemos.

La malnutrición: ¿Por qué nos debe importar?

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Figura 1. Carga global de malnutrición en niños menores de cinco años. Fuente: Adaptado de 2018 Global Nutrition Report. Development Initiatives; 2018. p. 12. 

Todos los países del mundo tienen un problema de malnutrición. De hecho, ¡la malnutrición en sus distintas formas es la causa principal de la mala salud en el mundo! Muchas poblaciones sufren de múltiples  problemas de malnutrición, como  retraso en el crecimiento, emaciación, sobrepeso y deficiencias de micronutrientes (Development Initiatives 2018a).

Se descubrió que la desnutrición sola es la causa directa del 45% de todas las muertes infantiles en países de ingreso bajo y medio —casi la mitad de todas las muertes infantiles (Black et al. 2013).Según el Informe Mundial de la Nutrición 2018, 150.8 millones de niños menores de cinco años de edad tienen retraso en el crecimiento, 50.5 millones sufren emaciación,  y  38.3 millones padecen de sobrepeso (Figura 1). 20 millones de bebés nacen con bajo peso cada año. Un tercio de todas las mujeres en edad reproductiva son anémicas – una condición debilitante provocada sobretodo por deficiencias de micronutrientes.  Además, el 39% de los adultos en el mundo tiene sobrepeso o es obeso  (Development Initiatives 2018a). En 2015, hubo 4 millones de muertes relacionadas con sobrepeso y obesidad; dos tercios de dichas muertes se debió a enfermedad cardiovascular (GBD 2015 Obesity Collaborators et al. 2017).

La desnutrición en la primera infancia puede dañar de manera irreversible el desarrollo físico y el cognoscitivo, afectando la capacidad del niño para aprender y tener éxito en la escuela, aumentando para la persona el riesgo de infección y enfermedad, y en general reduciendo el desempeño y el potencial de ganar a lo largo de su vida. Este daño representa un gran costo en términos de gastos en atención en salud y productividad perdida. Al final, afecta el desarrollo de todo un país y el bienestar de su población. (ThousandDays.org 2018).

Qué es malnutrición

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Figura 2. Las distintas formas de malnutriciójn. Fuente: Adaptado de  2018 Global Nutrition Report. Development Initiatives; 2018. p. 3.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define malnutrición como: “…las carencias, los excesos o los desequilibrios de la ingesta de energía y/o nutrientes de una persona. El término malnutrición abarca dos grupos amplios de afecciones. Uno es la  ‘desnutrición’---que comprende el retraso del crecimiento (estatura inferior a la que corresponde a la edad), la emaciación (peso inferior al que corresponde a la estatura), la insuficiencia ponderal (peso inferior al que corresponde a la edad) y las carencias o insuficiencias de micronutrientes (falta de vitaminas y minerales importantes). El otro es [sobrenutrición, que incluye] el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con el régimen alimentario (como cardiopatías, accidentes cerebro vasculares, diabetes y cáncer)” (OMS 2016; Figura 2).

Aunque la malnutrición puede afectar a todo el mundo, ciertos grupos son más vulnerables, como los niños de corta edad, las mujeres embarazadas y lactantes, las niñas adolescentes, los ancianos, las personas inmunodeprimidas (p.ej. personas con VIH/SIDA), los pueblos indígenas y las personas que viven en la pobreza.  Las personas también se vuelven vulnerable a la malnutrición durante o después de conflictos, desastres, y hambrunas, o cuando otros problemas afectan su seguridad alimentaria y nutricional (Development Initiatives 2018a). La malnutrición es especialmente peligrosa para las mujeres en edad reproductiva y para los niños en sus primeros mil días de vida (i.e. desde la concepción hasta los dos años de edad), dado que en estas situaciones puede tener consecuencias irreversibles.

El Marco Conceptual de UNICEF (Figura 3) nos ayuda a entender la complejidad de la desnutrición, incluyendo sus causas y consecuencias. Las causas inmediatas tienen que ver no solo con la ingesta de nutrientes, sino también con el estado de salud  [alguien que está enfermo es más vulnerable a la desnutrición]. Las causas subyacentes tienen que ver con inseguridad alimentaria en el hogar y con inadecuadas prácticas de cuidado y un entorno insalubre.  Las causas estructurales son más amplias que el nivel del hogar; tienen que ver con el contexto  sociocultural, económico y político, y también con el acceso a servicios y recursos, como atención en salud, educación, empleo, infraestructura, etc. En este marco podemos ver que las consecuencias de la desnutrición se relacionan con las causas subyacentes y estructurales, resultando en círculo vicioso de desnutrición y pobreza  (Herforth and Harris 2014; UNICEF 2013).

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Figura 3. Marco conceptual de la desnutrición de UNICEF. Fuente: Adaptado de  Entendiendo Y Aplicando Las Rutasy Principios Claves. Herforth & Harris. USAID/SPRING Project; 2014. p. 13.


Enfoques sobre malnutrición: intervenciones específicas de nutrición y sensibles a la nutrición

Los enfoques para abordar la malnutrición pueden describirse como específicos a la nutrición o sensibles a la nutrición. Las intervenciones específicas de nutrición abordan las causas inmediatas de la malnutrición, y algunas de las causas subyacentes (UNICEF 2017). La publicación The Lancet 2013 Series on Maternal and Child Nutritión informó que el retraso del crecimiento (un indicador de desnutrición crónica) puede reducirse en un 20% si las intervenciones específicas de nutrición principales se amplían hasta llegar a un 90% de cobertura de la población meta (Bhutta et al. 2013). Ejemplos de intervenciones específicas de nutrición principales incluyen la suplementación de micronutrientes para niños y para mujeres en edad reproductiva  (p.ej. zinc, hierro, vitamina A, calcio y ácido fólico); la promoción de la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y de la alimentación complementaria adeudada a partir de los seis meses hasta los dos años de edad; y la prevención y el tratamiento de la malnutrición aguda grave (SAM por sus siglas en inglés) y la malnutrición aguda moderada (MAM por sus siglas en inglés) en niños (Bhutta et al. 2013).

Las intervenciones específicas de nutrición son esenciales, pero por sí mismas no son suficientes para reducir la malnutrición crónica hasta niveles más “aceptables”, mucho menos para lograr un mundo libre de hambre. Es por esto que también son necesarias intervenciones sensibles a la nutrición, que abordan causas subyacentes y básicas al integrar objetivos de nutrición a intervenciones de otros sectores, como agricultura, educación, salud y agua, saneamiento e higiene (WASH por sus siglas en ingles) (UNICEF 2017).

Rutas y principios de la agricultura a la nutrición

La Figura 4 describe el marco actual que nos ayuda a entender las rutas que vinculan la agricultura con la nutrición (Herforth y Harris 2014). Las rutas están interconectadas en vez de ser lineales. Entender cómo funcionan estas interacciones en un contexto particular ayudaría a los agentes de cambio a saber cómo las actividades agrícolas sensibles a la nutrición podrían mejorar el acceso a la alimentación y a la atención en salud, promover prácticas de cuidado adecuadas y contribuir a un entorno habilitador. Esto podría eventualmente mejorar la nutrición de todos los miembros del hogar, no solo de madres e hijos.

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Figura 4. Rutas conceptuales entre la agricultura y la nutrición. Fuente: Entendiendo Y Aplicando Las Rutasy Principios Claves. Herforth & Harris. USAID/SPRING Project; 2014. p. 3.

Las rutas principales de la agricultura a la nutrición pasan por:

  1. La producción de alimentos
  2. Los ingresos de la agricultura
  3. El empoderamiento de las mujeres

Ruta de la producción de alimentos

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Figura 5. Producción agrícola de pequeños agricultores vendida en los mercados y consumida en el hogar. Fuente: The economic lives of smallholder farmers. Rapsomanikis. FAO; 2015. p. 28.

La producción de alimentos podrías parecer una ruta obvia desde la agricultura hasta la nutrición porque puede afectar directamente la cantidad y tipos de alimentos disponibles para el consumo en los hogares de los pequeños productores. También puede afectar la disponibilidad de alimentos y los precios en los mercados locales debido a la venta de algunos productos de la finca. Las familias agricultoras no apuntan necesariamente a producir todos los alimentos que llenarían sus necesidades alimentarias, o a consumir todos los alimentos que produzcan. Si bien muchos pequeños productores sí consumen una gran parte de los alimentos que producen en sus fincas (Figura 5), también gastan una cantidad significativa de sus ingresos para comprar alimentos. Si contabilizamos los alimentos producidos y consumidos de la finca, más los alimentos comprados, muchos pequeños productores son consumidores netos; algunas veces gastan más de la mitad de su presupuesto del hogar en alimentos (Rapsomanikis 2015).

Las familias agrícolas consideran muchos factores al producir alimentos o ganado: costos, riesgos, precios del mercado, activos productivos (p.ej. tierra, herramientas agrícolas), así como las necesidades y preferencias de su propio hogar. Cuando los alimentos preferidos no están disponibles de manera regular, no pueden costearse o no son accesibles en los mercados, la ruta de la producción podría ser una buena opción para ocuparse de la seguridad tanto alimentaria como nutricional (Herforth y Harris 2014).

Aquí algunos ejemplos de intervenciones que siguen la ruta de la producción de alimentos:

  • Mejorar la producción de un cultivo básico. Esto aumentaría su disponibilidad para el consumo del hogar, que a su vez aumenta la ingesta alimentaria de proteínas y energía, lo cual podría resultar en mejores resultados en términos de nutrición.
  • Promover el cultivo y consumo de alimentos ricos en micronutrientes (p.ej. de huertos caseros) entre los hogares que dependen principalmente de cultivos básicos. Esto podría mejorar la calidad y la diversidad de la dieta familiar.
  • Reemplazar un cultivo o variedad conocidos con uno similar que contenga más hierro o vitamina A, más proteína o proteína de mejor calidad. Ejemplos incluyen la batata de pulpa anaranjada, maíz de proteína de calidad y frijoles fortificados con hierro.

Estas intervenciones podría aumentar el acceso a los alimentos en los hogares agrícolas si se diseñan cuidadosamente y si alcanzan con éxito los objetivos de producción alimentaria.

El procesamiento y almacenamiento de alimentos, uno de los pasos en la ruta de producción de alimentos, puede afectar  —para bien o para mal—cuánta comida hay disponible y por cuánto tiempo. También puede afectar la salud de la familia. El manejo post-cosecha puede afectar la vida de anaquel de los alimentos, el contenido nutricional y la inocuidad. Por ejemplo, secar un cultivo puede aumentar su vida de anaquel. Sin embargo, si se seca en forma inadecuada, puede crecer moho en el cultivo y producir micotoxinas, que al consumirse pueden producir efectos agudos y/o crónicos sobre la salud de las personas.

Mejorar el acceso a los alimentos solo no garantiza mejores resultados en nutrición. Como se mencionó antes, las rutas no son lineales, y sus componentes están inter-relacionados. Como se ilustra en la Figura 6, un programa sensible a la nutrición también tiene que tomar en cuenta el acceso a la atención en salud y las prácticas de cuidado del niño dado que la atención en salud influye sobre el estado de salud, las prácticas de cuido influyen sobre los resultados en nutrición. Mejorar los resultados en nutrición es el objetivo último, de modo que estos tres elementos tienen que abordarse. También tienen que tomar en cuenta los componentes clave del entorno habilitador; estos incluyen mercados, recursos naturales, salud, agua y saneamiento y conocimiento/prácticas en nutrición y salud.

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Figura 6. Ruta de la producción de alimentos. Fuente: Adaptado de Entendiendo Y Aplicando Las Rutasy Principios Claves. Herforth & Harris. USAID/SPRING Project; 2014. p. 3.

Todas estas rutas podrían parecer abrumadoras. Uno se podría preguntar cómo todo esto podría incluirse en su pequeño programa agrícola. Una sola organización no necesita ocuparse de todos los aspectos en la ruta. Más bien, buscar entender la ruta y sus interacciones dentro de este marco, y después buscar formas de colaborar y asociarse con personas que trabajan en otras áreas de influencia. A medida que complementen el trabajo de cada uno entre una población meta, sus esfuerzos conjuntos pueden lograr sus objetivos mutuos de mejores resultados en materia de nutrición.

Un ejemplo de esto es el Programa de Huertos Caseros que Alianza Maya para la Salud (MHA por sus siglas en inglés) ejecuta en modo de piloto en Guatemala. A nivel mundial, Guatemala tiene la sexta tasa más alta de malnutrición crónica; el 47% de los niños menores de cinco años tienen retraso en el crecimiento (USAID 2018; Development Initiatives 2018b), y esta cifra aumenta al 70-80% entre las comunidades mayas que MHA atiende. Después de ejecutar intervenciones específicas de nutrición que ayudaron a reducir la malnutrición crónica en un 15-20% en estas comunidades, MHA decidió diseñar y poner a prueba en un piloto un programa de huertos caseros con el objetivo de mejorar el acceso a una dieta más diversa para lograr mejores resultados en nutrición.

En 2018, MHA formó equipo con ECHO y otras organizaciones para llevar perspectivas diversas a la fase de diseño del programa, incluyendo personas con experiencias en nutrición, salud pública, agricultura y gestión de programas. Contar con distintas perspectivas dotó al equipo de capacidades para identificar alimentos ya siendo producidos por los hogares, identificar métodos para huertos caseros utilizados por las comunidades, formular un calendario por estaciones, reconocer necesidades de agua  (p.ej. riego, uso en el hogar), respetar el uso del tiempo de las mujeres (p.ej. cuido de los niños), crear herramientas para capacitación, y adaptar el componente de educación en nutrición, entre otras cosas. Todos estos elementos importantes requirieron tiempo, aprendizaje mutuo y adaptación, a fin de diseñar un programa de huertos caseros basado en evidencia que complementara intervenciones específicas de nutrición y redujera la incidencia de malnutrición crónica entre estas comunidades. Si es exitoso, los resultados del proceso y el impacto de este programa piloto se compartirán y se dimensionarán para cubrir a más comunidades.

Ruta de los ingresos de la agricultura

La ruta de los ingresos de la agricultura apunta a aumentar el ingreso del hogar, de modo que haya más dinero disponible para llenar las necesidades nutricionales del hogar—en términos de compras de alimentos pero también de compras no destinadas a alimentos (por ejemplo, relacionadas con instalaciones de agua limpia y saneamiento) que mejoren las condiciones de vida y apoyen una buena nutrición.

Esta ruta es adecuada cuando existen diversos alimentos disponibles y asequibles localmente, para llenar las necesidades nutricionales de la familia—mujeres y niños en particular. La ruta se utiliza mejor cuando insumos, recursos y mercados funcionan bien para llenar las necesidades nutricionales a lo largo del año. Estas condiciones quizás no sea óptimas, y exigen colaboraciones y ser consideradas en el diseño del programa; por ejemplo, usar enfoques de cadena de valor (abordado abajo). Además, muchos pequeños productores venden al menos parte de sus productos de la finca a fin de obtener ingresos para el hogar (ver Figura 5), y muchos producen cultivos comerciales y/no alimentarios, hacienda la ruta de los ingresos de la agricultura necesaria para mejorar la nutrición.

Al igual que con la ruta de la producción de alimentos, asegúrese de analizar los distintos aspectos e interacciones dentro del marco, y diseñe los programas con cuidado. No asuma que un mayor ingreso se gastará automáticamente en alimentos nutritivos y atención en salud. Considere utilizar enfoques de cambio social y conductual (SBC por sus siglas en inglés) para mejorar el conocimiento y las prácticas relacionadas con la nutrición. El sitio web de USAID,USAID Health Communication Capacity Collaborative (HC3)es una excelente caja de herramientas y recurso de capacitación en este tema (USAID/HC3 2018).

Ruta del empoderamiento de las mujeres

La ruta del empoderamiento de las mujeres aporta al marco agricultura-a-nutrición un lente de género. Describe el impacto del poder de gasto de la mujer; de sus responsabilidades para el cuidado del niño y administración del hogar; y de la cantidad de tiempo y energía que las mujeres utilizan. Cuando un programa apunta a aumentar el ingreso de las mujeres desde la agricultura, la ruta del empoderamiento de las mujeres conecta con la ruta de los ingresos de la agricultura.

Los estudios han demostrado que cuando las mujeres tienen poder de toma de decisiones sobre los ingresos del hogar, ellas tienen más probabilidades que los hombres de gastarlo en alimentos y atención en salud, particularmente para sus hijos. La capacidad de las mujeres para controlar los recursos económicos y productivos del hogar (incluyendo su propio tiempo) se correlaciona de manera positiva con prácticas mejoradas de auto-cuido y cuido del niño. En general, se correlaciona con mejores decisiones para invertir en la nutrición, la atención en salud y el bienestar de los niños (Smith et al. 2003). Esto significa que una iniciativa para mejorar el control de las mujeres sobre los ingresos de la agricultura puede mejorar la ruta de los ingresos hacia la nutrición, dado que el dinero se gastará para cosas como alimentos y atención en salud, que directamente afectan el estado nutricional de los niños. Capacitación que ayude a productores mujeres y hombres a obtener habilidades en gestión de la finca y de negocios podría también mejorar esta ruta (Herforth y Harris 2014).

Al planificar un proyecto que involucres a mujeres, asegúrese de tomar en consideración cuánto tiempo y energía ellas tendrán que dedicar a las actividades agrícolas, y también tome en cuenta cuándo debe hacerse el trabajo. En muchas partes del mundo, las mujeres participan en actividades agrícolas, pero también llevan la principal responsabilidad por el cuidado del niño y del hogar. Tenga cuidado de asegurar que su programa agrícola no cargue indebidamente a las mujeres con expectativas abrumadoras de tiempo o energía.

Para una explicación más profunda sobre las rutas de la agricultura-a-la nutrición, sírvase leer la publicaciónImproving Nutrition through Agriculture Technical Brief Series(Mejora de la nutrición a través de la agricultura – Serie de informes técnicos) producida por el proyecto USAID/SPRING Project.

Cadenas de valor para la nutrición: ampliando las rutas

Otro importante aspecto de la agricultura hacia la nutrición es la ruta que toman los productos de la finca desde la finca al consumidor, conocida como una cadena de valor. Una cadena de valor es el conjunto de pasos, procesos y participantes relacionados con un producto específico (o productos relacionados), incluyendo producción, transformación, transporte y venta al consumidor.

Las cadenas de valor tienen un gran potencial de contribuir a la nutrición de poblaciones vulnerables. Por ejemplo:

  • Los empleados dentro de la cadena de valor ganan ingresos que pueden utilizarse para comprar alimentos o pagar por atención en salud, mejorando la nutrición y la salud.
  • Una cadena de valor puede producir alimentos y productos nutritivos nuevos y/o mejorados para que las poblaciones vulnerables accedan a ellos y los consuman.
  • Algunos procesos utilizados en una cadena de valor pueden reducir los desechos y la pérdida de nutrientes, o pueden aumentar la disponibilidad de nutrientes (p.ej. fortificación).
  • A las cadenas de valor puede incorporarse actividades sensibles a la nutrición. Por ejemplo, la cadena de valor puede incluir nutrición en educación, instalaciones que permitan y promuevan la lactancia materna y mensajes de mercadeo para mejorar el conocimiento y las prácticas de nutrición del consumidor.

Con la inclusión de los agronegocios y los mercados en las rutas de la agricultura-a-la-nutrición, algunos han sugerido que se cambie la terminología de agricultura “sensible a la nutrición” a agricultura “nutricionalmente inteligente”. El último término podría animar a los productores y a los actores de la cadena de valor a ajustar sus estrategias de negocio, para considerar la nutrición y la salud de las poblaciones vulnerables y de la sociedad en general, además de tomar en cuenta sus propias ganancias (Arias y Htenas 2018). Cualquiera que sea el término utilizado, sensible a la nutrición- o nutricionalmente inteligente, la ruta de la cadena de valor incluye herramientas como análisis de mercado y de cadena de valor, así como principios y estrategias de diseño de programas para el desarrollo de cadenas de valor.

Puede leer más sobre estos conceptos en la publicación del IFPRI (Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias), Value Chains for Nutrition(Hawkes y Ruel 2011). Algunos buenos recursos para profesionales son las cajas de herramientas de MEDA (Mennonite Economic Development Associates) para investigación de Mercado (MEDA 2007a) y diseño de programas de cadena de valor (MEDA 2007b), disponibles en línea.

Principios para programas de Agricultura-Nutrición

Ahora que entendemos mejor las rutas de la agricultura-a-la-nutrición y las inversiones nutricionalmente inteligentes a través de cadenas de valor, también necesitamos considerar los actuales principios guía, que son necesarios para diseñar e implementar programas con efectividad.

  1. Incorporar objetivos e indicadores de nutrición explícitos en el diseño del programa. Esto asegura que mejorar la nutrición sea una prioridad desde el inicio.
  2. Evaluar el contexto local. ¿Qué retos y recursos ya existen en la comunidad?
  3. Focalizar a los vulnerables y mejorar la equidad. La malnutrición afecta más fuerte a unos grupos que a otros.  
  4. Colaborar y coordinar con otros sectores. La malnutrición tiene muchas causas subyacentes.
  5. Mantener o mejorar la base de recursos naturales. Salvaguardar especialmente los recursos hídricos.
  6. Empoderar a las mujeres. La ruta de empoderamiento de las mujeres explica por qué esto es tan importante.
  7. Facilitar la diversificación de la producción y aumentar la producción de cultivos ricos en nutrientes y de ganado menor. La diversidad contribuye a la resiliencia y a una mejor nutrición.
  8. Mejorar el procesamiento, el almacenamiento y la preservación. Estos pueden ayudar a retener nutrientes, reducir pérdidas en el cultivo y disminuir el tiempo que toma preparar comidas nutritivas.
  9. Ampliar los mercados para alimentos nutritivos y el acceso al mercado para los grupos vulnerables. Esto podría hacerse a través de asociaciones de productores y/o crear productos de valor agregado.
  10. Incorporar la promoción y educación en nutrición. Tratar de aprovechar el conocimiento local.

Estos principios guía, el resultado de un proceso consultivo de varios años encabezado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), pueden encontrarse en su publicación, “Recomendaciones Fundamentales para mejorar la nutrición a través de la agricultura (Key Recommendations for Improving Nutrition Through Agriculture and Food Systems)” (FAO 2015b).

La FAO también tiene un informe a profundidad de los resultados del proceso consultivo y una lista de verificación y documento guía para diseño de programas:

Conclusión

La malnutrición es un problema generalizado, con consecuencias irreversibles y generacionales –especialmente para poblaciones vulnerables como mujeres y niños de corta edad. Las causas de la malnutrición son complejas, se relacionan con la dieta del individuo, pero también con su estado de salud y las condiciones del hogar que incluyen seguridad/inseguridad alimentaria, prácticas de cuido del niño y el medio ambiente. A un nivel más básico, las causas de la malnutrición son incluso más complejas, afectadas por el sistema de educación, el tipo de infraestructura y la disponibilidad de recursos.

Necesitamos intervenciones en nutrición tanto específicas como sensibles a fin de abordar estas causas complejas. Los programas de agricultura sensible a la nutrición pueden contribuir a las soluciones, pero mejorar la producción agrícola no mejora automáticamente la nutrición para las familias agricultoras. Cuando entendamos las rutas y principios de la agricultura-a-la-nutrición, podremos diseñar e implementar programas que sean más efectivos.

Ninguna organización sola puede abordar adecuadamente la malnutrición. Necesitamos aprender sobre las conexiones e interacciones dentro de estas rutas, colaborar con otras personas y organizaciones que trabajan en áreas complementarias (p.ej. nutrición, igualdad de género, saludo, agronegocios, etc.), y convertirnos en constructores de puentes. Sólo entonces podremos desarrollar el potencial agrícola para mejorar la  nutrición y el bienestar de los más vulnerables.

Capacitación y otros recursos

Si desea conocer a más profundidad sobre los vínculos agricultura-nutrición, aquí presentamos una lista de recursos de capacitación gratuitos:

Otros recursos en línea útiles incluyen

Muchas comunidades de práctica en línea son una buena fuente de experiencia e información; algunas también ofrecen oportunidades ocasionales para interacciones en persona. Por ejemplo:

Referencias

Arias, D., y A. Htenas. 2018. “It’s Time for ‘Nutrition Smart Agriculture.’” 

Bhutta, Z.A., J.K. Das, A. Rizvi, M.F. Gaffey, N. Walker, S. Horton, P. Webb, A. Lartey, R.E. Black, y the Maternal and Child Nutrition Study Group Lancet Nutrition Interventions Review Group. 2013. “Evidence-Based Interventions for Improvement of Maternal and Child Nutrition: What Can Be Done and at What Cost? Lancet 382: 452–77.

Black, R.E., C.G. Victora, S.P. Walker, Z.A. Bhutta, P. Christian, M. de Onis, M. Ezzati, et al. 2013. “Maternal and Child Undernutrition and Overweight in Low-Income and Middle-Income Countries.” Lancet 382: 427–51.

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