Escritor: Dawn Berkelaar
Publicado: 20/4/2013


El artículo por Dov Pasternak sobre lablab (en este número) me recordó el material en los archivos de ECHO de hace varios años. Reimar von Schaaffhausen, traba­jando en São Paulo, Brasil, envió artículos y cartas a lo largo de los años sobre el valioso papel que el lablab (y el frijol gandul [Cajanus cajan]) han desempeñado en la provisión de forraje para el ganado durante la estación seca. Esta información se resume en los siguientes párrafos.

Von Schaaffhausen escribió a Martin Price el 31 de mayo de 1990, después de que se publicara un artículo sobre gandul en EDN. Él escribió, “Se ha reconocido poco que tiene otra propiedad notable. Puede resolver el problema de forraje en los países en desarrollo en regiones tropi­cales o cálidas al hacer sólo un pequeño cambio en la forma en que se cosechan los granos. Si se corta cerca del suelo como se hace usualmente, la planta no rebrota. Si se corta a la altura de la rodilla como suele hacerse, los tallos rebrotan vigorosamente, dando más cosechas para replantar. Aún más importante es el hecho de que las hojas se mantienen verdes y son altamente nutritivas para los animales de la finca que se mantienen para comida, trabajo o transporte, incluso durante la estación seca cuando los pastos están secos. ….[La semilla de Lablab purpureus] puede usarse con el mismo propósito que el gandul, para comida, , forraje de hojas verdes durante la sequía, y mejoramiento del suelo. Ambos frijoles pueden ayudar a mejorar las condi­ciones de vida de la población rural en países con sequías periódicas al sumin­istrar forrajes altos en proteína en la crítica estación seca”.

Un amigo en Angola envió originalmente las semillas de lablab a von Schaaffhausen, pero fueron las vacas quienes alertaron a él y a sus colegas del potencial del lablab como un forraje de estación seca. Las vacas rompieron una cerca y comenzaron a comerse el lablab que estaba siendo cultivado para su evaluación como un cultivo de cobertura/abono verde.

Tanto el lablab como el gandul desarrollan una profunda raíz principal (¡una planta de lablab tiene raíces de más de 3 metros de profundidad después de seis meses!), de forma que las plantas son capaces de acceder al agua y los nutrientes en las partes profundas del suelo. Si una planta se corta a una distancia de al menos 50 cm sobre el suelo, nuevas hojas y ramas crecerán del tallo leñoso. Las ramas adicio­nales pueden cortarse y usarse como cobertura. Las nuevas hojas y ramas también rebrotarán si el ganado ramonea o las pastorea directamente. Si se manejan de esta forma, una planta de lablab puede mantenerse durante todo el año varios años antes de ser replantada.

Si Ud. siembra lablab o gandul para forraje de corta, una idea es cortar los extremos superiores de varias plantas, de forma que tenga un suministro continuo. Debe dejarse que las plantas rebroten por uno a tres meses antes de cosecharlas de nuevo. Con un espaciamiento cercano dentro del surco (10 a 50 semillas/m), los tallos serán más delgados las plantas no se volverán leñosas.

En un programa de red de radios para fincas en países en desarrollo (Developing Countries Farm Radio Network)(Paquete 13, Ítem 4), von Schaaffhausen presentó tres métodos para el cultivo del gandul (o lablab). 

  1. La leguminosa se intercala con otro cultivo. En ocasiones se planta un surco entre algunos surcos de maíz o sorgo; en otras ocasiones se mezcla un puñado de semilla de lablab/gandul con cuatro o cinco puñados de semilla de maíz antes de plantar. Las legu­minosas, dice von Schaaffhausen, crecen lentamente al inicio, pero comenzarán a crecer más rápidam­ente alrededor de la época en que el maíz es cosechado.
  2. La leguminosa se cultiva en callejones con otras plantas. El lablab o gandul se planta en surcos 3 a 4 metros aparte, siguiendo el contorno si la tierra es en pendiente. Dentro de cada surco se plantan las semillas a 2 a 10 cm (1 a 4 pulgadas) de distancia. Este método es bueno si se quiere que el lablab o gandul crezcan de forma más perenne.
  3. La leguminosa se cultiva en callejones en un pastizal. En este caso, usted necesitará mantener alejado al ganado del lablab o del gandul durante los primeros meses. Durante la estación lluviosa, el ganado tiende a comer el pasto en primer lugar; el lablab y/o el gandul son una fuente de alimento bienvenida cuando llega la estación seca.

Von Schaaffhausen resumió un experi­mento que hizo durante 98 días entre julio y octubre de 1974, durante los cuales no llovió. Treinta toros de dos años de edad de raza Cebú y 10 cabezas de ganado de raza mezclada fueron pastoreados en un pastizal de gramíneas que contenía fajas de gandul en 1/3 del área. A los animales no se les dio alimentación adicional excepto sal y elementos menores. Los animales fueron pesados a la misma hora cada mañana. En promedio, en el transcurso del experi­mento, ganaron 16 kg por mes (0.54 kg por día); su peso promedio fue de 43 kg a 83 kg. En esa área, los animales usualmente toman cuatro a cinco años para alcanzar el peso para el matadero. En contraste, los animales en el experimento alcanzaron el peso para el matadero en menos de tres años.

Una nota sobre los cultivares: von Schaaf­fhausen comentó en una carta al Dr. Price que las variedades de lablab difieren grande­mente en tamaño, color, fotosensibilidad, resistencia a la sequía y requerimientos de suelo; existen más de 50 variedades de lablab. En un artículo en Economic Botany, él mencionó que la floración depende más del fotoperíodo que de la temperatura y que los cultivares maduran cuando los días se vuelven más cortos. En São Paulo, esto es cerca de mayo, dos meses después de que se cosecha el maíz. Las vainas de los cultivares usados en Brasil no se quiebran, de manera que la semilla es fácil de cultivar. Las flores de la variedad usada en São Paulo son blancas; los frijoles son negros con un filum blanco. Los frijoles de lablab para el consumo humano deben ser cocidos por más tiempo que muchos otros frijoles. Tienen un alto contenido de lisina (la lisina es un aminoácido esencial que hace falta en los granos).

Para más información, ver un artículo por Reimar von Schaaffhausen publicado en un volumen de 1963 de Economic Botany: “Dolichos lablab or hyacinth bean: its uses for feed, food and soil improvement” (Volumen 17, páginas 146-153).

En el nuevo libro de Roland Bunch, Restoring the Soil (subtítulo: A Guide for Using Green Manure/Cover Crops to Improve the Food Security of Smallholder Farmers), él menciona un sistema similar al descrito por von Schaaffhausen (en Restoring the Soil, el sistema se lista como S24). Bunch comenta, “Durante los últimos 20 años, los ganaderos de gran escala en las tierras bajas del sur de Honduras han comenzado a intercalar los frijoles lablab con su maíz, de modo que el ganado tiene un forraje abundante, verde, muy palatable y alto en proteína durante los seis meses de la estación seca.”

En correspondencia relacionada con este artículo, Roland compartió, “Conozco a mucha gente que trabajó en gm/ccs en Brasil en las décadas de 1980 y 1990s…. Los brasileños originalmente trabajaron mucho con lablab, pero al menos en Santa Catarina, dejaron de usarlo debido a que tuvieron graves problemas con áfidos.

“Sin embargo, acá en África hay muchas diferencias importantes con Brasil. Primero que todo, la mayor parte de los climas en que trabajamos son más secos que Santa Catarina, de manera que los áfidos no son un problema. En segundo lugar, en muchos países (Kenia, Uganda y Tanzania, al menos), los frijoles lablab son una comida muy común y apreciada. Por tanto, la gente tolerará más problemas de lo que lo haría en Brasil a fin de producirlos. Por último, ahora conocemos algunas formas muy baratas, no tóxicas, de controlar los áfidos, de forma que no causen muchos problemas [ver siguiente párrafo]. Como resultado, los frijoles lablab son uno de los dos o tres gm/ccs más populares para su uso en agricultura de conservación acá en África.

“Cualquier buen desecante [agente de secado] eliminará los áfidos, debido a que ellos requieren de una buena cantidad de humedad para sobrevivir. El más exitoso y menos caro de los que han usado los agricultores en Honduras fue simplemente harina de trigo vieja. La mezclaron con agua, y asperjaron los cultivos. Cuando la harina se secó, operó como un desecante. Yo pensaría que para los agricultores africanos la harina de yuca debería trabajar igual de bien, pero la gente tendría que probarlo”.