Escritor: Roland Bunch
Publicado: 19/3/1999


Introducción

A continuación, aparece un informe sobre una tecnología que nosotros (COSECHA) consideramos muy promisoria, pero todavía se encuentra en sus primeras fases. Consideramos que ahora está lista sólo para presentarse entre los líderes agricultores que pueden someterse a cierto riesgo, y que experimentarán con la misma para encontrar formas mejores y más eficientes de aprovechamiento. Esperaríamos y tenemos la confianza que en un futuro no muy lejano la tecnología será menos cara, más eficiente y más variada y entonces se podrá beneficiar a centenares de miles de agricultores pobres en laderas de las zonas semiáridas y subhúmedas del mundo en desarrollo.

La definición del problema

Los pequeños agricultores de las zonas semiáridas y sub húmedas del mundo, cada vez más, pierden sus cosechas a causa de la irregularidad de las lluvias. Durante una parte de lo que ha sido la época lluviosa tradicionalmente, la lluvia deja de caer y como resultado, los cultivos que dependen de la misma se pierden totalmente, o bien, se produce sólo una fracción pequeña de lo que se hubiera producido con el patrón de precipitación de lluvia normal. En otras ocasiones, la falta de la precipitación ocurre muy al principio o al terminar la época lluviosa tradicional, reduciendo la productividad drásticamente ya que la temporada de crecimiento se acorta y por esto no se permite el crecimiento apropiado de los cultivos tradicionales, o quizás ninguno de los cultivos utilizados a nivel local.

No podemos tener la certeza exacta del porqué este fenómeno se hace tan común en tantas partes del mundo, pero probablemente esté relacionado a la grave deforestación: los bosques tienen la tendencia a servir de amortiguamiento a la humedad y las temperaturas, y cuando ambas se amortiguan tendrían la tendencia a hacer que la precipitación sea menos irregular). Otra causa posible de la creciente irregularidad de lluvias es el efecto de invernadero, una causa cuyos efectos a largo plazo pronosticados es precisamente una mayor irregularidad en muchas variables climáticas distintas, siendo la precipitación sólo una de ellas. Si estos fueran los mayores factores causantes de la mayor irregularidad en las lluvias, deberíamos esperar que este problema siga empeorando en muchas décadas por venir, debido a que la deforestación neta en gran escala y el calentamiento global se encuentran muy lejos de llegar a controlarse o reducirse.

 

Por lo tanto, es muy probable que las pérdidas en los cultivos, las hambrunas, la productividad disminuida y el daño ecológico que son directa e indirectamente ocasionados por lluvias irregulares empeorarán durante al menos las próximas tres décadas.

Por todas estas razones, en tres programas de Honduras se han buscado maneras en que los agricultores de laderas pobres puedan captar el agua de lluvia en sus propios campos y retenerla allí dos o tres meses. El agua podría posteriormente utilizarse para el riego suplementario durante las sequías o para extender la temporada de cultivo en la época seca.

Hemos limitado nuestra investigación a sistemas que cuestan menos de US$500.00/hectárea, y que pueden adoptarse y proporcionar beneficios en incrementos de $10.00 a la vez. Es decir, un agricultor puede invertir $10.00 y posteriormente aumentar su ingreso lo suficiente como para ampliar el sistema, y por eso la autofinanciación de la adopción progresiva de la tecnología en mayores y mayores partes de una finca. Además, nos hemos limitado a tecnologías que un agricultor individual puede adoptar sin exigir el permiso o cooperación de ningún otro agricultor o la comunidad entera. Asimismo, hemos limitado nuestras investigaciones a sistemas para su utilización en laderas, porque las laderas proporcionan ventajas económicas tremendas para dichos sistemas, haciéndolas menos caras en comparación con sistemas similares sobre tierras llanas. De esta manera, tendríamos también la esperanza de contribuir hacia la competitividad de las laderas, donde ahora viven grandes segmentos de la población rural pobre en el mundo en desarrollo.

LO QUE HEMOS APRENDIDO HASTA LA FECHA

Hemos estado experimentando principalmente con "micropresas" muy pequeñas las cuales pueden distribuirse a lo largo de gran parte del campo de un agricultor, en parte para simplificar la distribución del agua, en parte para rebajar los "costos de entrada" de la tecnología respecto a los $10.00 mencionados anteriormente, y en parte para permitir la recolección de cualquier agua en el campo que comience a fluir cuesta abajo y que cause erosión. El tamaño y la forma de dichas micropresas puede variar dependiendo de la naturaleza del perfil del suelo, la presencia de niños, para quienes podría representar un riesgo de ahogo, la pendiente del campo y otros factores. El tamaño más común sería aproximadamente de 2 m. de longitud a lo largo del contorno, 60 cm. de profundidad y 80 cm. de ancho, permitiendo aproximadamente 1 metro cúbico de capacidad. Esta cantidad de agua es suficiente para regar cerca de 200 metros cuadrados de tierra una o dos veces, dependiendo de la intensidad de la aplicación.

Construimos normalmente las captaciones cada 20 m. a lo largo del seto o la barrera viva de nivel, suponiendo que las barreras están separadas cerca de 10 m. (permitiendo 200 m. cuadrados de tierra para cada captación). De esta manera, unos pocos tallos de zacate u otro material en la barrera pueden utilizarse a fin de proporcionar sombra para evitar la evaporación del agua, y una zanja o terraza a lo largo del borde inferior de la vía de bordo puede servir tanto para recoger agua que provoca erosión desde arriba como para llevar el desborde o exceso de cada micropresa que ya está llena sobre la siguiente.

En muchos, si no en la mayoría de los casos, los agricultores tendrán mayores fuentes de agua que no sean simplemente de la superficie de sus campos. Estas fuentes incluirán techos, patios, caminos, senderos o cursos naturales de drenaje donde corren riachuelos de agua durante una lluvia. Estas fuentes probablemente proporcionarán la mayoría del agua para las micropresas, aunque cierta agua también desaguaría proveniente de los propios campos de los agricultores. Una zanja pequeña de cualquiera de dicha fuente de agua correría hacia las primeras de las captaciones, y posteriormente seguirían a lo largo del contorno (o preferiblemente a una pendiente de 0.5%) hacia los demás. En el fin del campo o la línea de micropresas, una pequeña zanja vertical bajaría corriendo hacia la segunda línea de micropresas.

Por supuesto, otra fuente común de agua es el "agua gris" proveniente de fuentes de agua potable que se les prohíbe a los agricultores para su uso en el riego. Pequeños filtros caseros a nivel del suelo hechos de roca, arena y carbón pueden filtrar la mayor parte del jabón, de manera que esta agua gris pueda también correr por la zanja al sistema de micropresas.

En la gran mayoría de casos, estas micropresas deben hacerse herméticas. En la actualidad se utilizan revestimientos de plástico o de cemento, un encachado fino de cemento sobre una capa de cal. No obstante, estas soluciones representan gran parte del gasto de las micropresas y esperamos con el tiempo encontrar las maneras de aprovechar arcilla dispersada, la arcilla más el estiércol animal, la arcilla más diferentes clases de resinas o savia de los árboles, etc. Así esperamos con el tiempo reducir costos, pero por ahora, con el fin de poner en las manos de los agricultores la tecnología de tal suerte que puedan participar en la búsqueda de mejores soluciones, se aprovechan estos medios más simples, aunque más caros.

La manera más fácil de distribuir el agua sería a través de una sección de manguera, de aproximadamente 20 m. de largo, empleado como un sifón, que serviría a cualquier número de micropresas que tenga el agricultor. Dado que el agua sólo podría utilizarse para cultivos sembrados debajo del nivel de agua en la micropresa, cada una de las mismas se utilizaría para regar una mancha de tierra que comenzaría a unos 5-15 m. de distancia de la micropresa, en vez de un área de tierra contigua a ésta.

Los experimentos con micropresas han demostrado que el valor de una sola recolección de hortalizas que no se ha perdido gracias a una micropresa frecuentemente representará más del pago del costo total (incluyendo la mano de obra) de su construcción, especialmente en zonas donde no hay campos regados cercanos cuyos productos competirán con aquellos de los campos que obtienen agua por medio de micropresas.

Muchos agricultores preferirían inicialmente tener solo un tanque grande hecho con paredes de cemento cerca de la fuente de agua, y con una manguera de varios cientos de metros distribuir el agua. Esto puede ser la mejor solución para los agricultores que poseen los medios económicos necesarios o acceden a grandes préstamos, y cuentan con una sola fuente de agua principal, con muy poco flujo de agua por sus campos. Pero para los agricultores más pobres, quienes tienen fuentes múltiples (una situación que ocurre más de lo que originalmente habíamos pensado), o una cantidad razonable de escurrimiento del terreno, una serie de micropresas será algo mucho mejor. De todos modos, las micropresas con que comiencen los agricultores más pobres deben siempre colocarse de manera que con el tiempo, al darse un aumento en sus ingresos, ellos puedan luego incorporar tanques más grandes en lugares estratégicos en el sistema.

Por supuesto, las micropresas no entrarán en competencia con los sistemas de riego que funcionan con la gravedad donde éstos se encuentran disponibles.

Lo que aún tenemos que aprender

  1. ¿Cuáles son las formas más baratas, más simples y más ampliamente aplicables de encachar o revestir la cuenca de captación a fin de hacerlas impermeables?
  2. ¿Cómo podemos de la mejor manera natural controlar los mosquitos, de tal forma que las captaciones no se conviertan en una fuente de enfermedad? Los usos de preparaciones de hojas de tabaco, hojas de gliricidia, hojas de nim (Azadirachta indica), o incluso un poco de aceite en la superficie del agua representan posibilidades, pero necesitamos probar estas posibilidades en mayor escala y a través del tiempo. Algunas de estas posibilidades también servirían para fertilizar los cultivos que se riegan.
  3. ¿Qué tamaños y formas de las cuencas de captación y combinaciones de las mismas serán de mayor utilidad en cada situación?
  4. ¿Qué usos alternativos competirán con el riego para esta agua? Presumimos que las familias sin agua potable disponible sentirán una gran tentación de utilizarla para ese fin, y probablemente de igual forma a los animales también se les dará agua de las micropresas. Los agricultores también utilizan el agua para llenar sus aspersores de mochila. ¿Cómo se cambiarán estos usos con respecto a la distancia entre los campos y la casa, la inclusión de agua gris filtrada, la presencia y suficiencia de sistemas de agua potable, y/o el tamaño o número de cuencas de captación? En vista del hecho que estos usos alternativos representan (y bien debieran representar) las mayores prioridades que las del riego, ¿cuánta agua quedará para el riego? Otra problemática en el caso de los campos distantes del hogar sería el robo de agua, especialmente para los usos alternativos, aunque el tratamiento del agua para mosquitos probablemente también reducirá este problema.

Usos y ventajas

Por supuesto, una vez que un agricultor tiene agua en sus micropresas, él o ella tendrá una serie de opciones con respecto a su utilización para fines de riego. Un uso consiste en regar cultivos durante una sequía. Un segundo uso sería utilizarla para prolongar la temporada de crecimiento dos semanas o un mes una vez terminadas las lluvias. Otra posibilidad sería sembrar quizás un cuarto del campo, tal vez en manchas más abajo de las captaciones, en cultivos que exigirían como un mes o dos más de lluvia, permitiendo tres o cuatro riegos. Aún en otros casos, un agricultor con agua en las captaciones podría decidir sembrar manchas muy pequeñas de cultivos a principios de la época seca, calculando la cantidad de cultivos sembrados de tal manera que pudieran regarse todas las veces necesarias con el agua disponible. Naturalmente, los agricultores pueden sembrar quizás la mitad de sus cultivos después de las primeras lluvias (si las captaciones se llenan durante la lluvia), suponiendo que, aunque la estación lluviosa aún no ha llegado, ellos pueden regar los cultivos dos o tres veces durante el mes, antes que comience la lluvia, por tanto, adelantándose a otros agricultores y llevando sus productos agrícolas al mercado antes que los demás.

La introducción de esta tecnología podría también tener un mayor impacto en la adopción de tecnologías de conservación de suelos en muchas zonas del mundo. Si los agricultores tienen de un 30% a un 60% de probabilidad de perder sus cultivos frente a una sequía en cualquier año determinado, la mayoría de las técnicas de conservación de suelos no serán económicamente factibles. Muy pocas de dichas técnicas son económicamente viables si los beneficios se reducen de un 30% a un 60%. Con las micropresas, un agricultor podría reducir fácilmente ese porcentaje a un 5% o bien un 10%, haciendo conservación de suelos y recuperación (abono verde/cultivos de cobertura) considerablemente más atractivas.

La recolección de agua también tendrá muchos efectos positivos ambientales y económicos, con menos tala de bosques mientras que los terrenos agrícolas existentes llegan a ser más productivos, menos erosión, menos destrucción de caminos, menos necesidad de puentes sobre arroyos temporales, menos inundaciones río abajo y mayor seguridad alimentaria e ingresos para los agricultores más pobres.

Empero la tecnología no se adoptará por estos factores. Se adoptará porque los agricultores desean los beneficios que les corresponderán personalmente. Y aunque sólo hemos comenzado a trabajar con los agricultores en esta tecnología, hemos descubierto que tiene más aceptación que cualquier conservación de suelos o recuperación de suelo o incluso con tecnología para una mejor productividad que hemos utilizado hasta la fecha. Efectivamente han habido casos donde los agricultores que no fueron elegidos regañaron a nuestros extensionistas por no haberles enseñado también a ellos como hacer las micropresas. En treinta años de trabajo, anteriormente nunca había sucedido esto a nuestros extensionistas aquí en Centroamérica.

Irónicamente, miles de organizaciones de desarrollo, virtualmente todas las cuales expresan que trabajan en función de las necesidades sentidas de la población, han trabajado décadas en la conservación de suelos, recuperación de suelo, la utilización de fertilizantes e insecticidas, MIP, etc., cuando la gente se quejaba más a gritos con respecto a las sequías que destruía sus cultivos. Ahora que por fin hemos dejado de poner oídos sordos a sus súplicas, los agricultores nos están demostrando una vez más que seremos mucho más exitosos si en realidad respondemos a las necesidades más sentidas y más expuestas.