Escritor: Sara Delaney, Oficial de Programa Senior, International Programs, Episcopal Relief & Development
Publicado: 8/4/2016


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Figura 1. Ejemplos de huertos en ojo de cerradura, construidos con madera (arriba, ECHO, Florida), ladrillos (abajo a la derecha, Tanzania) y una sección transversal (abajo a la izquierda). El compost puede colocarse en el centro  (A), con una cobertura opcional, para suplir nutrientes a las plantas alrededor. El área de siembra (B) se llena con una mezcla de suelo y material orgánico, cubierta con una capa de mulch. Si hay problemas de drenaje, podría colocarse una capa de rocas u otro material grueso en la base del área de siembra.  El ojo de cerradura (C) proporciona acceso al centro (donde puede colocarse el compost) y al área de siembra. Una pared externa (D), construida con postes de madera o rocas, mantiene el huerto contenido en su lugar.
Fuente: Tim Motis, Betsy Langford and Nate Flood

Editores: en la Conferencia Agrícola Internacional de ECHO realizada en noviembre de 2015, Sara Delaney presentó un proyecto que según comentó tenía tasas de aceptación sobresalientes y nosotros pensamos que sería un buen caso de estudio para compartir en EDN. En el proceso de introducción de nuevas ideas y prácticas, ¿por qué algunas son aceptadas con más facilidad, más rapidez o más ampliamente que otras? Este artículo propone algunas razones que explican el éxito inicial de los huertos familiares en Burundi y además comparte un método para tratar de medir el impacto que estos tendrán en la seguridad alimentaria y la nutrición de las familias que los implementen.

El país de Burundi es uno de los países más pequeños y más densamente poblados del continente africano. Si usted permanece un poco de tiempo ahí ¡verá gente en las calles de la ciudad, caminando en los caminos entre la ciudad y los poblados, en los campos montañosos… en todas partes!

Burundi también es un país montañoso. Su topografía es conformada por colinas casi continuas que llegan hasta las costas del gran lago Tanganica. Esto es escénicamente lindo, pero plantea grandes retos. Las colinas son propensas a sufrir erosión del suelo y el acceso a la tierra es cada vez más difícil dado el crecimiento de la población. La infraestructura, el suministro de semillas y el acceso al mercado son limitados. Enfermedades de cultivos de África oriental tales como la marchitez de Xanthomonas del banano y el mosaico vírico de la mandioca (yuca) han llegado al país.
Burundi recibió un alarmante puntaje de 35.6 en el Índice Global del Hambre 2014 (IFPRI 2014), colocándolo en el último lugar de la clasificación por tercer año consecutivo. La desnutrición ha sido identificada como la preocupación fundamental en todas las regiones del país.

Burundi también se está recuperando de un conflicto generalizado que duró de 1993 a 2005. Además, desde abril de 2015 a la fecha la inestabilidad política y el conflicto provocados por un presidente que está sobrepasando los límites del período de su mandato ha resultado en una migración significativa de las familias, interrupción en el suministro de alimentos y altos niveles de inseguridad.

Programa de desarrollo comunitario

Para ayudar a ocuparse de estos temas complejos, la Iglesia Anglicana de la oficina de desarrollo comunitario de Burundi, en asociación con Episcopal Relief & Development en Nueva York, ha desarrollado un programa nacional de agricultura integrada, restauración ambiental y salud desde 2008. Como oficial de programa de Episcopal Relief & Development, he trabajado estrechamente con el equipo de Burundi desde 2012.

A través del programa agrícola se obtienen variedades de semilla mejorada del centro de investigaciones en el país, y en conjunto con grupos de productores se manejan centros de multiplicación de semillas. Los productores también participan en capacitaciones sobre técnicas para mejorar los rendimientos y aumentar la resiliencia al estrés climático. Junto con estos esfuerzos, se está restaurando la tierra en las laderas de las colinas a través de la siembra de árboles y la implementación de zanjas anti-erosión con pastos estabilizadores.

En 2013 trabajé para iniciar una asociación adicional entre la Iglesia Anglicana de Burundi (conocida como PEAB en francés) y el programa International Agriculture and Rural Development (IARD) de la universidad de Cornell. Luego de sesiones de lluvia de ideas decidimos usar primeramente este equipo para añadir un enfoque en la nutrición familiar a las actividades del programa. Los objetivos específicos eran:

  1. Contribuir a la seguridad alimentaria y la diversidad en la dieta de los hogares en las áreas rurales de Burundi a través de la introducción de una técnica de huerto familiar;
  2. Probar y documentar buenas prácticas para la introducción, diseminación, construcción y mantenimiento de huertos familiares en el contexto rural burundés; y
  3. Facilitar un sistema sostenible de suministro de semillas para variedades seleccionadas de hortalizas a través del apoyo para guardar y conservar las semillas e intercambiar e identificar fuentes para semilla de calidad.

Los huertos familiares

Después de algunas investigaciones y conversaciones en Burundi, el equipo decidió introducir un modelo de huerto familiar basado en el concepto de huerto en ojo de cerradura a un grupo de 60 mujeres interesadas en las comunidades en donde PEAB trabajaba activamente. El huerto familiar (Fig. 1) incluye un muro externo elaborado con materiales locales, una canasta central para compostaje, y camas elevadas. (FAO 2008; Walker 2012).

El modelo de huerto familiar tiene muchos beneficios. Solamente necesita de un área pequeña y puede construirse de manera barata o aún sin costo alguno usando materiales ya disponibles o reciclados. El diseño puede modificarse fácilmente. El huerto es suplido con nutrientes provenientes de la canasta de compostaje ubicada en el centro. Especialmente cuando se usa mulch vegetal el huerto demanda menos agua que un huerto típico.

PEAB e IARD realizaron una serie de capacitaciones sobre técnicas de construcción de huertos familiares y luego—después de la construcción—sobre compostaje, manejo de cultivos, recolección de semillas, nutrición y técnicas de cocina. Cada hogar recibió de 4 a 10 sesiones de capacitación en un período de dos o tres meses. El personal luego dio seguimiento con visitas que incluyeron oportunidades para recibir asesoría y solución de problemas.

Los coordinadores del programa además decidieron distribuir semillas para iniciar debido a la baja disponibilidad en el área y al deseo de focalizar grupos particulares de nutrientes. Las variedades de semillas se obtuvieron en pequeñas tiendas (semillas importadas de hortalizas) y en el mercado local e incluyeron hortalizas verdes, repollo, zanahorias, calabazas, tomates, pimientos, amaranto, berenjena y cebollas (Siele 2015).

¡El despegue de los huertos!

El modelo de huerto familiar ha demostrado ser altamente popular entre los hogares de las zonas rurales de Burundi (Fig. 2). Inicialmente se construyeron sesenta huertos. Desde mediados de 2014 hasta finales de 2015 se construyeron más de 2,000 huertos (Fig. 3) por parte de mujeres individuales en 3 provincias y en al menos 15 comunidades, habiéndose extendido desde el sur del país hasta el oeste y el centro. Las mujeres están cultivando una combinación de hortalizas, incluyendo amaranto, berenjena, tomates, zanahorias, chiles y cebollas. Ellas utilizan la producción principalmente para el consumo del hogar pero también para cocinar para invitados, para vender, comerciar y regalar a los vecinos.

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Figura 2. Una mujer muestra dos técnicas de huerto familiar: un huerto de una capa con mulch (en el fondo) y un huerto en un saco (al frente).
Foto: Sara Delaney

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Figura 3. ¡El número de huertos familiares se multiplicó rápidamente al inicio!

Durante una visita a Burundi a finales de 2014 pudimos visitar a varias mujeres, tanto del grupo original de 60 y en otra área que había comenzado más recientemente. A través de conversaciones informales les preguntamos cómo estaba funcionando los huertos, porque habían decidido iniciarlos y (para quienes habían comenzado a cosechar) que beneficios habían logrado a la fecha. Muchas de las respuestas eran de esperarse: un deseo por tener más disponibilidad de alimentos para la familia cercana al hogar, los retos de acceder a semillas y lidiar con plagas.

Algunas respuestas fueron más sorprendentes. Cuando le pregunté a una mujer que recientemente había terminado de establecer y sembrar su huerto porque había decidido hacerlo, me miró y me dijo, “Bueno, es la nueva manera de cultivar hortalizas”. Como si yo fuera la última en saberlo. Me reía alegremente en mi mente mientras ella explicaba más mientras yo trataba de mantener una expresión seria. ¡No quería que ella se diera cuenta de que un miembro del equipo que había propuesto originalmente los huertos no estaba al día con la forma en que los huertos se habían puesto “de moda”!

Otra mujer nos habló de un beneficio que va más allá del aumento en la nutrición o los ingresos. Ella expresó que le gusta tener cerca su huerto porque ahora ¡si se presentan de pronto visitantes, ella siempre tiene algo para cocinar y ofrecer!

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Figura 4. Miembros del personal de PEAB hablan con una mujer sobre su huerto familiar de varios niveles.
Foto: Sara Delaney

Tan emocionante como la diseminación espontánea de los huertos familiares es el hecho que muchas mujeres están innovando y ajustando el diseño original basado en materiales disponibles y preferencias individuales. Los muros están siendo construidos con ladrillos de barro, sacos usados de arroz y hojas de banano. Las mujeres están decidiendo usar una, dos o tres hileras (Fig. 4), y a enfocarse en mayor o menor medida en ciertos vegetales.

El trabajo en el huerto familiar también ha inspirado a mujeres y hombres para iniciar la formación de asociaciones de productores en sus comunidades con el fin de cultivar parcelas más grandes de hortalizas para su venta en el mercado.

Factores que inciden en la adopción del huerto

Con esta técnica diseminándose de forma tan rápida, ¡hemos estado trabajando para mantenernos actualizados! También hemos estado trabajando en determinar cuáles son los factores que pueden haber ayudado para que la adopción fuera tan rápida y amplia. Muchas otras técnicas que han sido compartidas a través del programa de agricultura por años (tales como espaciamiento de cultivos, elaboración de compost) han mostrado no ser tan populares. Necesitaremos esperar aún más tiempo para ver si más mujeres siguen estableciendo y usando huertos similares y para determinar la sostenibilidad a largo plazo de la actividad. Sin embargo, algunos factores parecen haber sido importantes:

  • Visitas de intercambio. Luego de la entusiasta capacitación sobre técnicas de huertos familiares el programa facilitó visitas de intercambio para mujeres de otras áreas para observar y aprender de las primeras personas que originalmente adoptaron estos huertos, mujeres como ellas.
  • Facilitadores locales para brindar apoyo. Los facilitadores de PEAB a nivel de la comunidad en cada diócesis brindan servicios de extensión—dirigiendo capacitaciones de seguimiento, ofreciendo apoyo a las familias y monitoreando avances. Estos facilitadores son del área y son productores a quienes las mujeres conocen y en quienes confían.
  • El bajo costo y locales para poder ser diseminados entre los vecinos. Debido a que los huertos pueden establecerse sin necesidad de insumos externos fuera, las mujeres pueden compartir fácilmente la idea con sus vecinos y amigos, quienes pueden entonces iniciar un huerto aún si no han estado en un intercambio o capacitación. De los ~2100 huertos construidos a partir de diciembre de 2015, ~580 (30%) fueron resultado de diseminación espontánea de información de vecino a vecino. El coordinador del programa expresó que la mayor parte de las mujeres mostraron al menos a una de cada dos mujeres cómo establecer un huerto familiar, no todas ellas adoptaron la idea pero muchas si lo hicieron y es muy probable que se hayan establecido más huertos de los que han sido registrados.

Medición del impacto

[Nota: tal como se explicará posteriormente en esta sección, la inestabilidad política evitó que se realizaran medidas de seguimiento para el proyecto. Sin embargo, la información sobre las herramientas de medición que fueron usadas podría ser de utilidad para otros lectores — de manera que la información todavía se incluye aquí.]

Para ayudarnos a medir de qué manera la adición de huertos está ayudándonos a lograr los objetivos de mejorar la seguridad alimentaria y la diversidad en la dieta familiar, decidimos usar dos herramientas de medida disponibles. Estas eran Escala de Medición de Hambre en el Hogar (Household Hunger Scale) de USAID (Ballard et al. 2011), Puntaje de Diversidad Alimentaria de la Mujer (Women’s Dietary Diversity Score) (WDDS) de la FAO y el Puntaje de Diversidad Alimentaria Individual (Individual Dietary Diversity Score) (IDDS) (FAO 2010), traducidos al idioma local.

La Escala de Hambre en el Hogar formula a una familia una serie de preguntas sobre sus experiencias durante los últimos treinta días, incluyendo si alguna vez no tuvieron alimentos para comer, si alguna vez uno de los miembros de la familia se fue a dormir con hambre, o si alguien pasó un día y una noche completos sin comer. Las respuestas posibles incluyen pocas veces, algunas veces, y muchas veces, y luego las respuestas son calificadas usando un método estandarizado de 0 a 6, o desde “sin hambre” hasta “hogar con severa incidencia de hambre”.

En contraste, la encuesta sobre diversidad alimentaria pide a los encuestados que recuerden cualquier cosa que hayan comido o bebido en las últimas 24 horas. Se registran todas sus comidas y refrigerios, desglosando alientos como las sopas para registrar sus ingredientes principales. Luego clasificamos los ítems en grupos específicos de alimentos (en base a los tipos de alimentos necesarios para una nutrición adecuada de las mujeres o los niños) y se totaliza cuantos grupos de alimentos consumió el individuo. De manera similar a la HHS, el total de grupos de alimentos son entonces calificados usando una escala que va de baja diversidad (tres o menos grupos de alimentos), a alta diversidad (más de seis grupos).

En junio de 2014 se realizó una encuesta de línea base luego de una cosecha reciente, con 116 mujeres que viven en el área donde fue introducido originalmente el huerto familiar. Los resultados ilustraron la situación de seguridad alimentaria en la región: el 82% de los hogares encuestados experimentaron hambre de moderada a severa. En el período recordatorio de 30 días, 105 familias tuvieron al menos un miembro del hogar que se fue a dormir con hambre debido a que no había suficiente comida.

La línea base del Puntaje de Diversidad Alimentaria de las Mujeres mostró un 42% de mujeres consumiendo una dieta de “baja diversidad” y un 54% una dieta de “diversidad media”, con niveles particularmente bajos de fuentes de vitamina A de origen animal. Aproximadamente el 79% de los niños consumió una dieta por debajo del requisito alimentario mínimo de cuatro grupos de alimentos.

Se programó una encuesta de seguimiento para junio de 2015 de manera que las familias pudieran ser encuestadas en la misma temporada que la vez anterior. Sin embargo, debido a la inestabilidad política, no fue posible realizar una encuesta de seguimiento. En vez de esto, se realizó un pequeño muestreo de 36 mujeres en agosto de 2015. Los resultados fueron impactados no solamente por la inestabilidad política sino también por el hecho de que agosto está más dentro de la temporada seca y por tanto estaba disminuyendo la disponibilidad de alimentos.

Los resultados mostraron que el 72% de las 36 familias encuestadas experimentaron hambre de moderada a severa, con el hambre severa incrementándose del 4% al17% (Fig. 5). De los 36, el 92% había consumido una dieta de baja diversidad el día anterior y solamente el 8% alcanzó una diversidad media.

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Figura 5. Niveles de hambre en el hogar en el área de las actividades del huerto familiar original, en junio de 2014 y en agosto de 2015 (encuesta parcial).

Así – ¡estos resultados muestran claramente que no hubo mejora! Sin embargo, esto no sorprendió considerado la gran inestabilidad en la región. Necesitaremos realizar otro seguimiento HHS y WDDS/IDDS en 2016 y en años futuros, para ver cómo han progresado las familias. El equipo del programa también puede encuestar familias en la misma región que no han establecido o usado un huerto, para comparar la seguridad alimentaria y la dieta entre los dos grupos.

Conclusión

La técnica de huerto familiar ha sido adoptada ampliamente por parte de las mujeres en áreas rurales de Burundi, ofreciendo una muy necesaria fuente de vegetales a nivel del hogar. Las buenas prácticas en la diseminación, construcción y mantenimiento están siendo recopiladas y documentadas activamente por PEAB, IARD y Episcopal Relief & Development. Particularmente, mientras las mujeres innovan en el área de especificaciones originales de diseño, estamos trabajando para dar seguimiento a todas sus ideas. Se están estableciendo recomendaciones para corregir errores clave tales como el tamaño de la canasta de compostaje, el espaciamiento entre semillas, riego y variedades apropiadas para el huerto.

Contar con un suministro sostenible de semillas es crucial para alcanzar el éxito. Las familias están siendo apoyadas para que guarden semillas de temporada a temporada, pero en la medida que se expanden los huertos familiares la demanda por semillas de calidad ya se ha identificado como una limitante. PEAB está en conversaciones con el instituto nacional de investigación agrícola, el ministerio de Agricultura y el World Vegetable Center en Tanzania, para realizar lluvias de idea sobre cómo aumentar la disponibilidad y la calidad de las semillas de hortalizas en el país. Un Sistema de “Semillas de Calidad Declarada” también podría mejorar el acceso y brindar a las comunidades más control sobre variedades de semillas escogidas.

También es necesario avanzar en las mejoras en el manejo de enfermedades de las hortalizas y el programa está considerando la promoción de insecticidas naturales adaptables localmente. El mulching y otras técnicas también están siendo aconsejadas para aumentar la retención de agua.

El éxito en el largo plazo depende en gran medida de la estabilidad política, tanto en términos del apoyo del gobierno para el suministro y/o pruebas de semillas así como también para la producción de alimentos y la estabilidad familiar. Si bien los facilitadores locales de PEAB continúan trabajando con y están a la disposición de las mujeres en distintas diócesis rurales del país, la oficina central de PEAB no ha podido realizar el nivel normal de monitoreo desde finales de 2015 a la fecha por lo que actualmente desconocemos si los huertos están siendo mantenidos, expandidos o abandonados.

Si podemos seguir midiendo el impacto tanto de las mueres hortelanas como de los “grupos de control” en las mismas áreas, los hallazgos podrían brindar una visión muy útil del papel de los programas de la iglesia Anglicana en Burundi y en particular de los huertos familiares en cuanto a la ayuda que bridan a las familias para enfrentar los efectos de la inestabilidad y el conflicto políticos.

Referencias

Ballard, T. et al. 2011. Household Hunger Scale: Indicator Definition and Measurement Guide. FAO, USAID and Fhi360, Washington DC.

FAO. 2010. Guidelines for measuring household and individual dietary diversity. FAO, Rome.

FAO and Send a Cow. 2008. Nutrition and HIV/AIDS – Keyhole gardens in Lesotho. Lessons from the Field. FAO, Rome. [http://www.fao.org/ag/agn/nutrition/docs/FSNL%20Fact%20sheet_Keyhole%20gardens.pdf]

IFPRI. 2014. Global Hunger Index 2014. IFPRI, Washington DC.

Siele, A. 2015. The women, the garden and the fight against hunger: Gender-Specific Measurement of Food Security in three hills of Nyanza-Lac commune, Burundi. MPS Thesis Paper, Cornell University, Ithaca.

Walker, B. 2012. Keyhole Gardens: A drought tolerant composting garden. Dave’s Garden [http://davesgarden.com/guides/articles/view/3726/#b]

Cita este artículo como:

Delaney, S. 2016. Huertos familiares en Burundi – “la nueva forma de cultivar hortalizas”. ECHO Notas de Desarrollo n.o 131