Escritor: Tania de Alba Rodríguez
Publicado: 31/7/2017


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Foto 1: Gallinas en potrero. Fuente: Gerardo Sánchez Vigil

Vivo en Las Cañadas, (www.bosquedeniebla.com.mx), un centro de educación para la vida sostenible, en  donde desde hace 20 años nos hemos dedicado a la conservación del bosque núblado, uno de los bosques más escasos y biodiversos que existen, así como también a la búsqueda de alternativas para una vida sencilla y viable ecológicamente.

A la par de conservar el bosque, hemos intentado y logrado producir gran parte de nuestros alimentos de manera agroecológica, es decir cuidando el suelo, el agua y el ecosistema en que vivimos.

Crecí en la ciudad, por lo que  la experiencia de acercarme a cultivar lo que comemos ha sido de mucho aprendizaje,  ya que generalmente en ese medio no se está conectado con el esfuerzo que  implica la producción de nuestra comida y mucho menos con las implicaciones de la producción industrial.

Nuestro centro es manejado por la cooperativa de la que formo parte y estamos organizados por módulos de producción, tal como la granja, la producción de productos lácteos, la cocina, y otros, que intentan cubrir las necesidades de una dieta básicamente ovo-lacto-vegetariana, con carne en ocasiones de festejo.

Desde nuestro inicio sabíamos que queríamos que las gallinas fuesen parte de nuestro centro; en nuestro país el consumo de huevo es muy importante en la vida rural, ofrece una proteína de excelente calidad para aquellos que no pueden o no quieren consumir otros productos de origen animal. Así decidimos tener nuestras gallinas con la esperanza de consumir un huevo libre de antibióticos y proveniente de gallinas felices. Construimos un pequeño gallinero para que llegaran a dormir, conseguimos gallinas con gente de las comunidades cercanas y las alimentábamos por las mañanas con maíz entero. Las soltábamos en el día y las guardábamos en la noche. Parecía que solo teníamos que esperar que pusieran…

Sin embargo, la realidad no fue así, las gallinas eran libres sí, pero ponían cuando querían y donde querían, se las comían los depredadores, de repente se enfermaban y morían, desconocíamos cuanto tiempo pondrían huevos y otros misterios más… y ya que siempre terminábamos comprando huevos a pesar de tener gallinas, decidimos mejorar su crianza y aprender la manera de cuidarlas para que estuvieran sanas y libres pero también productivas. Mencionaré entonces los seis aprendizajes  más importantes que me han permitido mantener mi gallinero sano y produciendo.

Primero: Pocas gallinas en suficiente espacio. En la crianza de animales, particularmente con las gallinas, requerimos conocer cuál es su naturaleza y su comportamiento. Las gallinas gustan de pasear y escarbar todo el día, se acicalan con frecuencia, se bañan en la tierra suelta, requieren resguardarse del sol, duermen en los árboles, y aunque prefieren vivir en grupos requieren suficiente espacio para no estresarse. Se pican en la cresta para  establecer una jerarquía en el gallinero, pero en condiciones de estrés ésta misma conducta puede llevarlas al canibalismo. Dado que los depredadores se las comen no podemos en nuestro caso tenerlas totalmente libres, pero tienen la posibilidad de “pastorear” en potreros cercados. (Ver tabla 1)

Tabla 1. Espacio de Crianza  
No. de animales 40 gallinas ponedoras y 4 gallos
Raza Criollas mejoradas
% postura promedio al año 50%

 

Segundo: Un gallinero bien equipado apropiado para el número de gallinas. Aunque a las gallinas les gusta andar afuera y dormir en los árboles, si es posible, requieren para su cuidado un gallinero bien equipado, una “casa” que les provea protección de los depredadores, perchas para dormir cómodamente, acceso a alimento limpio en comederos, nidos calientitos y con paja para poner sus huevos. Todo este equipo en número suficiente para que no se alteren. Una buena “cama” en el piso del gallinero (material seco) no debe faltar, ayuda a mantenerlo seco y darle un manejo a los desechos. Las temperaturas extremas las afectan, así que un gallinero en el que podamos controlar la temperatura es muy útil; ventilarlo cuando hace calor y cubrirlo cuando hace frío. (Ver tabla 2).

Tabla 2. Equipo e Instalaciones  
Gallinero 25m2
Potreros

3 potreros rotacionales/ 3m2 por ave

Nidales 1 por cada 5 gallinas
Percha 25cm lineales por ave
 Comederos 3 comederos  (1/15 aves)
Bebederos 1 con 4 copas (1 copa/ 10  aves)

Tercero: Criollas mejoradas. Hay gallinas según su propósito: ponedoras (para huevo), de doble propósito (huevo y carne), especializadas en carne, y criollas. En Las Cañadas tenemos criollas, gallinas de diferentes colores y características, que por su diversidad genética tienen más resistencia a condiciones variables. Las criollitas no son tan productoras, pero hemos descubierto que con un buen manejo aumentan el número de huevos que ponen. Gracias también a esa diversidad no han tenido ninguna enfermedad que acabe con el gallinero en los 10 años que tengo criándolas, aunque si hay que lidiar con el hecho de que siempre quieren tener pollitos y eso implica manejar la cloequez para que no suspendan la postura. Cuando están culecas y no es temporada apropiada para criar pollitos las encierro en una jaula por tres días y finalmente desisten de estar echadas. Las criollitas se pueden mejorar y hacerlas más productivas metiendo en el gallinero un gallo de doble propósito, un buen gallo por cada diez gallinas asegura huevos fértiles; en nuestro caso hemos ido criando nuestras propias aves adaptadas a las condiciones del lugar. 

Cuarto (y de mayor importancia): Una buena dieta. A las gallinas les gusta comer de todo, pero aman los granos y los insectos. Para recibir un buen servicio de ellas tenemos que ser capaces de darles una dieta balanceada, esto ayudará a que empiecen a poner a los 5 o 6 meses de edad. La gallina recibe la luz del sol y se estimula de esa manera para producir el huevo, en su proceso requiere de carbohidratos, proteína, vitaminas y minerales que deben estar disponibles en su alimentación. Nuestras gallinas comen un alimento casero a base de granos orgánicos cultivados en el rancho, este alimento contiene maíz, soya o canavalia (según las posibilidades del cultivo ese año), carbonato de calcio, hueso quemado y molido y sal (Ver tabla 3). Diariamente reciben 100g de este alimento, además de forraje fresco: nacedero (Trichanthera gigantean), ramio (Bohemian nivea), comfrey (Symphytum officinale), y  lengua de vaca (Opuntia engelmannij var. linguiformis) que las mantiene bonitas y sanas, y  por supuesto siempre agua limpia. En los potreros y compostas tienen oportunidad de comer insectos. (Ver tabla 3) 

Tabla 3. Alimento Casero     
Ingredientes  % en la dieta Cantidad en 10 kg de alimento
Maíz 60% 6 kg
Canavalia 20% 2 kg
Soya integral 10% 1 kg
Carbonato de Calcio o cascarón de huevo 5% 500 g
Hueso quemado y molido 4.5% 450 g
Sal 0.5% 50 g

 

Quinto: Lograr el bienestar animal y la higiene del gallinero. En los sistemas de producción la intervención de las personas es lo más importante; el manejo y trato que les demos a las gallinas determinará en gran parte lo que obtengamos de ellas. Procurar el bienestar animal es fundamental para que el sistema permanezca. A las gallinas les gusta el trato suave y rutinario, los movimientos bruscos las asustan. Son susceptibles a enfermedades infecciosas por lo que se requiere hacer limpieza frecuente del gallinero, manteniendo la “cama” para que esté libre de olores y excretas pegadas, que esté ventilado, seco y con luz. En nuestra experiencia ha funcionado tomar acciones en los cambios de estación, poner una cucharadita de sábila en el agua en el verano y un diente de ajo en el invierno previene problemas digestivos y respiratorios. También una cucharadita de vinagre de manzana casero en el agua en situaciones de estrés puede ayudar a prevenir e incluso curar. Desparasitar con epazote (paico, Dysphania ambrosioides) en marzo y octubre nos ha evitado el uso de medicamentos. Seleccionamos nuestras gallinas cada año y no las conservamos más de dos ciclos de postura lo que ayuda a mantener una producción estable, permite que las pollas se desarrollen mejor y evitamos enfermedades. Tenemos nuestra propia recría pues hemos visto que a veces traer gallinas de fuera implica también traer enfermedades. 

Sexto: observar, llevar registros y hacer cuentas. Para poder compartir la experiencia con otros y saber en qué podemos mejorar en el manejo de las gallinas, es necesario llevar registros de cuántos huevos ponen las gallinas, a qué edad rompen postura, cuánto gastamos, cuánto requerimos para alimentarlas, qué desechos producimos, cómo se comportan durante el año, cuáles son las mejores gallinas, etc. 

Mantener este sistema bajo principios agroecológicos, además de los aprendizajes que he descrito, me ha generado también muchas reflexiones: ¿Cuál es la escala adecuada de un proyecto productivo agroecológico? ¿Qué repercusiones ecológicas y sociales tiene el gran consumo de proteína animal en nuestra sociedad? ¿Es real y posible pedir a un sistema que  produce alimento sano  que además genere dinero suficiente para ser negocio? ¿Será que menos es más? ¿Será que lo pequeño es hermoso y sustentable?

Cualquiera que sea la respuesta, la crianza de gallinas ha sido para mí una experiencia que me ha acercado a la comprensión de los ciclos naturales de la vida y a la posibilidad de intervenir en ellos como productor de una manera eficiente y respetuosa.